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 EL MADRID DE SANTIAGO AMON

"El Escudo y la Bandera de la Comunidad de Madrid"
y otros ensayos de su autor.

EL ESCUDO Y LA BANDERA

MEMORIA Y DISEÑOS DE LOS SÍMBOLOS DE LA COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MADRID.


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Madrid en un kilómetro cuadrado.

El Madrid de Villanueva (I)
La Ciudad Universitaria de Madrid
La Gran Via madrileña

 

 
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20/06/1988
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El Corazón de la Villa y Corte


Hay en Madrid un paraje abierto de par en par, y medianería por medianería, a la cuenta encadenada de cinco siglos. A unos pasos de él se asientan tres iglesias (la de San Andrés, la capilla del Obispo y la de San Isidro), con otras tantas centurias a cuestas, en una sola, y seis plazas (las de la Paja, de los Carros, de Puerta de Moros, del Humilladero, de San Andrés y de la Cebada) se suceden sin solución de continuidad, haciéndosele harto difícil al paseante advertir dónde acaba cualquiera de ellas y comienza la otra. ¡El ejemplo, en un puño, de la ciudad antigua!.
No son hoy pocos (Leonardo Benévolo a la cabeza) los tratadistas que apuestan por el "modelo de la ciudad antigua" a la hora de pensar en el feliz desarrollo, si posible fuera, de la nueva. Y es el estrepitoso fracaso del "modelo desarrollista" (y de la presunta "ciencia urbanística" en que se apoyó o lo apoyaron) el que, sin el recurso a otras razones, les lleva a fijar la mirada y la atención en la ciudad de antaño; en aquel "tiempo largo", más bien de maduración, de reflexión, de experiencia... en que las casas se iban alzando, siglo por siglo, a favor de su propio, ponderado y muy razonable despliegue.
¿Siglo por siglo? Cinco son, como dije, los que sin solución de continuidad conforman y contemplan el hacerse y el mostrarse de la plaza de la Villa, a los pies mismos (¿todo un aviso?) del Ayuntamiento. O al revés. Cinco son los edificios que en un puño abarcan la sucesión de otras tantas centurias en el corazón de la ciudad, en el más municipal de sus enclaves. Y así, y allí sita, del siglo XV es la Casa y Torre de los Lujanes, donde la tradición sugiere que tras la batalla de Pavía, y a consecuencia de ella, estuvo prisionero Francisco I de Francia.
El inmueble que a seguido del anterior se contempla es del siglo XVI. Casa la dicen de Cisneros, y no faltan quienes afirman, con error, que desde su balcón, y mostrando los cañones dispuestos en el zaguán, pronunció el cardenal regente la célebre frase disuasoria a oídos de los nobles que cuestionaban su mandato: "¡Estos son mis poderes!" Mal, sin embargo, pudo ser éste (y sí la inmediata y ya citada plaza de la Paja) el escenario de la querella entre la aristocracia y el purpurado con sólo tener en cuenta que la casa fue construida, años después de la muerte de éste, por su sobrino y heredero Benito Jiménez de Cisneros.
Del siglo XVI se va al XVII por un paso elevado, que une esta casa de Cisneros (dependencia hoy municipal) al edificio del Ayuntamiento propiamente dicho. Duraron las obras (¡aquél sí que fue "tiempo largo"!) el doble que las de El Escorial, habiendo intervenido en ellas 14 arquitectos: Gómez de Mora, Pedro Pedrosa, Cristóbal de Aguilera, Alonso Carbonell, José Villarroel, el hermano Bautista, fray Francisco de San José, Bartolomé Hurtado, Marcos López, José del Olmo, Teodoro Ardemans, Miguel Arredondo, José Gassén y Andrés Hurtado.
Del siglo XVII se transita al XVIII sin necesidad de pasadizo alguno. Basta con volver la esquina y observar la fachada que da a la calle Mayor, tal cual la dejó trazada (entre 1771 y 1778) Juan de Villanueva para que la reina contemplase, desde la columnata y la balaustrada en ella abiertas, la procesión del Corpus. Se completa el ciclo con el edificio que da a la otra esquina de la calle Mayor, alzado, en el siglo XIX, por el conde Oñate y convertido luego (y así sigue) en casa de viviendas. El centro de la plaza acoge, desde 1891 (?) la estatua de don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz. Es de bronce y se debe a las artes y oficios de Mariano Beniliure.
Vale la pena, en fin, señalar que el Ayuntamiento madrileño tuvo siempre su sede, ya que no en el mismo edificio, en el mismo enclave. Tanto el "concejo abierto" como el "regimiento" creado por Alfonso XI se reunían en la desaparecida iglesia de El Salvador, de la que el Ayuntamiento pasó directamente (y a una mano de la mano) a la actual casa de la Villa. Bien está que así lo advierta al paseante la lápida colocada en la fachada del edificio que se alzó en el lugar donde estuvo (al lado mismo, insisto, de la actual sede municipal) el antiguo templo de El Salvador.
A las puertas mismas, pues, del Ayuntamiento se regala a la admiración del vecindario el "modelo de la ciudad antigua" como espejo ideal de la nueva y como pálpito, también de un "tiempo largo" de maduración frente al "stress" en que el hombre consume hoy su suelo, su morada y su propia existencia. ¡Cinco siglos impresos en otros tantos edificios asentados, sin solución de continuidad, en el corazón de la urbe! Caso único, posiblemente, en el mundo como para que la Corporación (cualquiera que sea su color político) no lo tome en cuenta antes de lanzarse al consabido "proyecto desarrollista", esto es, a la catástrofe.

Santiago Amón
Cámara de Comercio e Industria de Madrid - Mayo 1988